Como bien sabemos todos, el discurso es una combinación de la lingüística, la antropología, la sociología, la filosofía y demás disciplinas que se unen para comunicar e incluso analizar, el mensaje que se quiere exponer.
Ahora bien, de los miles de discursos que se pueden dar, tantos como temas se quieran plantear, los más oídos y esperados, son los de los políticos en las campañas electorales, con permiso del discurso navideño de su majestad.
La diplomacia que los políticos nacionales desarrollan en los distintos hemiciclos, ya sean autonómicos, nacionales e incluso provinciales, nada tiene que ver con la vehemencia con la que en pueblos más pequeños hacen de sus sesiones plenarias, una lucha por nada.
Vemos como entre los altos cargos de los partidos políticos, hay enfrentamientos, discusiones, acaloramientos hasta llegar a pensar que llegaran los antidisturbios, pero se queda en eso, en un juego de estrategias donde cada uno sabe que de ahí no pasará.
Son muchas las falacias, errores en el razonamiento o la argumentación, que nos envuelven día a día. No es nuevo que desde anuncios, debates políticos e ideológicos a todo tipo de argumentaciones aparezcan, se difundan y extiendan.
Hay un lugar donde puedes alejarte de todo, sin ir lejos. Ese lugar no tiene grandes cascadas de frías aguas cristalinas. Tampoco tiene interminables prados verdes salpicados de pequeñas flores multicolores.
Tal vez llegue el dia en que me canse de oir, o leer, que alguien nos llame “hooligans”, cuando la evolución humana se ha olvidado de la existencia de ese alguien. Quizás sea ese el problema, que no consigue asimilar que aunque su espalda está recta, su mente sigue torcida.